Diario de una perrita guía

¡Hola a todos! Me llamo Muriel y soy la perrita guía de mi mejor amiga Ana. Hace un año os conté cómo era mi trabajo y qué me gustaba hacer en mi tiempo libre. No os podéis ni imaginar la repercusión que tuvieron mis ladridos. Me reconocen por la calle, me felicitan e incluso algunas personas no paran de hacerse “selfies” conmigo para subirlos al Instagram. Mis amigos me dicen que ahora soy una perrita famosa, pero yo sigo siendo la misma. Sigo disfrutando de mi trabajo, de los mimos de Ana y de mis colegas caninos cuando bajo a jugar al parque. 

Hoy estoy de nuevo aquí con vosotros para qué podáis conocer un poco más sobre mí. Muchos me soléis preguntar cómo he llegado a convertirme en perrita guía, cómo sé qué tengo que hacer en cada momento. Así que os voy a contar todo lo que recuerdo de mi etapa de adiestramiento ¿me acompañáis en este viaje?

Desde el mismo momento en que nací mi mamá me dijo que yo era una perrita especial porque tenía una misión muy importante que cumplir en esta vida: ser los ojos de las personas que no podían ver. Al principio no lo entendí y reconozco que me daba miedo tener en mis patas tanta responsabilidad, pero al conocer a Ana confié en su olor y en su voz al instante y todos mis temores desaparecieron. Pero antes de llegar a mi hogar definitivo junto a Ana, estuve viviendo con una familia de acogida durante un año. 

Fue muy divertido porque tanto los niños como los adultos de la casa me quisieron mucho. Jugaban conmigo y me llevaban a todas partes, incluso a lugares donde otros perros no podían entrar, para lo cual, me ponían un peto de color amarillo que lleva escrito Futuro Perro Guía. Era como tener un pase VIP perruno y un mundo entero por descubrir: museos, transportes, restaurantes, cines etc…Más tarde me explicaron que los futuros perros guía, por ley, tenemos permiso para acceder a todos estos espacios. Durante el tiempo que estuve con mi primera familia no dejaban de observar y tomar nota de todas mis reacciones a sonidos, a vehículos en movimiento y a otros estímulos. Al principio me pareció raro, pero luego descubrí que esto también formaba parte de mi educación.

Tras un año con mi familia de acogida me despedí de ellos para ir a la Escuela Oficial de Perros Guía. No voy a negar que lloré y que me sentí muy triste, pero al mismo tiempo, también estaba muy ilusionada por aprender y conocer a nuevos amigos que eran como yo, durante los próximos seis meses. 

Allí me enseñaron a evitar obstáculos, buscar y marcar el inicio de escaleras o bordillos, cruzar las calles y pasos de cebra en línea recta, pararme, subir al transporte público, a obedecer, pero también a desobedecer órdenes de forma inteligente, ya que, si mi humana se equivoca en algún comando, yo tengo que saber tomar la decisión correcta para llevarla sana y salva a su destino. Otra cosa que me enseñaron fue acostumbrarme al uso del arnés, es parecido al peto amarillo que llevaba de cachorro, pero más incómodo y pesado. Este elemento es fundamental para mi trabajo, ya que, a través de él, Ana puede sentir todos mis movimientos y caminar confiada y segura por toda la ciudad.

Ha sido una etapa divertida y emocionante. No siempre ha sido fácil, pero recuerdo con mucho cariño aquellos días. Pero lo más importante es que todo ese aprendizaje me ha llevado a Ana, mi ser humano favorito. Mientras yo la guío, ella me cuida y achucha siempre que tiene ocasión. Sin duda formamos un tándem perfecto ¿no creéis? Palabra de Muriel.

Una respuesta a “Diario de una perrita guía”

  1. Hola Ana. Qué tal? Soy Anna de Barcelona. Me ha encantado encontrar este blog. Estoy intentando subscribirme, pero no encuentro cómo. Te agradezco si me puedes ayudar, así recibiré cuando publiques. Saluditos. La verdad es que te hecho mucho de menos en sobre perros, me encantaba cuando estabas.

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